Michael Smith, un hombre de Carolina del Norte, se declaró culpable de utilizar inteligencia artificial para producir canciones en masa y crear ejércitos de bots con el fin de inflar las reproducciones, lo que le permitió defraudar más de 10 millones de dólares en derechos de autor a plataformas como Spotify a lo largo de siete años. Este caso histórico en Estados Unidos pone de relieve las vulnerabilidades sistémicas de los modelos de ingresos por streaming.





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